Santosha, aparigraha y sankalpa.
- Ana Canelada
- 20 dic 2025
- 2 Min. de lectura
Santosha, aparigraha y sankalpa.
A pocos días de terminar este año, quiero hacer una reflexión en torno a la importancia que tienen los finales de ciclo. En el Yoga, el final de un ciclo es un espacio fértil. No se trata solo de cerrar, sino de mirar con comprensión aquello que ha ido tomando forma en nosotros a lo largo del año.
Tres principios —santosha, aparigraha y sankalpa— pueden servirnos como mapa interno para este proceso de revisión.
Santosha es el contento que nace de apreciar la vida tal como es, sin adornos, sin exigirle que sea diferente. No es resignación, sino la capacidad de ver lo vivido con realismo y gratitud, incluso aquello que fue incómodo. Tampoco es felicidad ni alegría, es algo que tiene que ver más con la serenidad y calma del bienestar interno.
Cuando miramos el año desde santosha, reconocemos que cada paso tuvo un sentido dentro de nuestro crecimiento. Esta mirada nos asienta, nos amansa y nos libera de la idea de que deberíamos haber hecho o sido otra. Tener Fé en que todo ha sido como tenía que ser es fuente también del sentimiento de santosha.
Desde este suelo fértil surge Aparigraha, la no-acumulación. Una vez que agradecemos y estamos en paz, podemos soltar y no querer ni ansiar más. No desde la lucha, sino desde la claridad. Aparigraha nos invita a revisar qué hábitos, pensamientos, compromisos, identidades y apegos se han quedado pequeños y ya no quiero acumular más; qué emociones han cumplido su función y pueden ser dejadas atrás sin necesidad de desearlas más. Aparigraha es saber decir basta, suficiente, no necesito más y dejo espacio para lo importante en este momento del camino.
Y cuando santosha nos calma y aparigraha nos alivia el deseo de más, aparece el espacio interno donde puede escucharse la voz de la intención consciente: sankalpa. Sankalpa no es un deseo mental ni una meta externa. Es una dirección interna, un recordatorio de aquello que realmente queremos cultivar en nuestra vida. Es la forma en la que la conciencia se compromete con su propia expansión. Como una semilla elegida a propósito para germinar en el jardín de nuestra vida.

Así es como cerramos un ciclo: agradeciendo, soltando y eligiendo de nuevo quién queremos ser.







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